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LOS 7 PRINCIPIOS DEL KYBALION – EL PRINCIPIO DE POLARIDAD

“Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.”

El Kybalion.

Este principio encierra la verdad de que todo es dual; todo tiene dos polos. La polaridad mantiene el ritmo de la vida. Conocemos la existencia de algo por el contraste de su opuesto.

Explica y dilucida las antiguas paradojas que han dejado perplejos a tantísimos investigadores, y que literalmente decían: “La tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza, difiriendo sólo en grado”; “los opuestos son idénticos en realidad, diferenciándose en su gradación”; “los pares de opuestos pueden conciliarse, los extremos se tocan”; “todo es y no es al mismo tiempo”, “toda verdad no es sino media verdad”; “toda verdad es medio falsa”, etc.

Este principio explica que en cada cosa hay dos polos, dos aspectos, y que los “opuestos” no son, en realidad, sino los dos extremos de la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados entre ambos. Así encontramos: luz – oscuridad / amor – odio / espíritu – materia / vida – muerte / bien – mal / vigilia – sueño / valor – miedo / alegría – tristeza. Los opuestos se presentan siempre en el mismo elemento.

El principio de polaridad va de lo positivo a lo negativo, siendo lo positivo de naturaleza superior a lo negativo. En cada cosa hay dos polos, en la temperatura está el frío y el calor, y aunque son opuestos son una misma cosa consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados de aquella. No hay nada que sea calor absoluto en realidad, indicando simplemente ambos términos, frío y calor, diversos grados de la misma cosa.

Lo mismo ocurre en la “luz” y la “oscuridad”, las que, en resumen, no son sino la misma cosa, siendo ocasionada la diferencia por la diversidad de grado entre los dos polos del fenómeno.

El mismo principio opera de idéntica manera en el plano mental. Tomemos, por ejemplo, el amor y el odio, dos estados mentales completamente distintos aparentemente, y notaremos que hay muchos grados entre ambos; tantos como palabras usamos para designarlos. Al igual que el calor y el frío, la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo, cada cosa posee una naturaleza doble que se diferencia dependiendo de su grado y no puede existir sin su opuesto. ¿Cómo diferenciarías el odio del amor sin haber sentido alguno de ellos? Son preguntas que quizá deberías hacerte para entender la profundidad lo que nos quiere enseñar este principio tan particular.

Cualquier fenómeno tiene la posibilidad de su manifestación contraria, y es factible cambiar algo no deseable en su condición opuesta. Esta es la base de la transmutación mental, el arte de polarizar. Lo no deseable se neutraliza, cambiando su polaridad. Los extremos se tocan; los dos extremos de la polaridad se atraen mutuamente. Es por esta razón por lo que es más fácil transformar el odio en amor que en la indiferencia. La distancia más corta en este caso no es la línea recta, sino el círculo. Este principio, a nivel práctico, permite apreciar los obstáculos de la vida en su justo valor, ya que posibilita que una situación conflictiva pueda ser cambiada gradualmente a través de una adecuada polarización en lo opuesto. El cambio de un grado a otro de la escala vibratoria se consigue mediante la voluntad y el autodominio.

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